La paz es el camino, violencia cero

La paz es un valor imprescindible para el desarrollo social, sin embargo, no es fácil conseguirla. La ONU la incorpora incluso como uno de los ejes principales para avanzar hacía la sostenibilidad junto al aspecto económico, al social, al ambiental y al de las alianzas.

El empleo de la violencia para obtener lo que nos interesa es un comportamiento animal que nos condiciona y limita como sociedad. Los animales la utilizan sistemáticamente y aquellos con mecanismos más simples de comunicación la emplean como único recurso de interacción. Es precisamente la comunicación y el desarrollo de la inteligencia lo que nos ha permitido evolucionar como animal social. ¿Es por tanto más inteligente quien prescinde de la violencia? Lo que no hay duda es que el uso de la violencia no es una estrategia inteligente puesto que implica, con alta probabilidad, que se reciba una respuesta más violenta aún. La violencia genera violencia en una escalada sin límite que poco bien puede generar.

Avanzamos como sociedad puesto que cada vez más se rechaza la violencia de forma tajante. Es políticamente correcto posicionarse contra la violencia y a favor de la paz ¿pero sabemos identificar las acciones violentas en todas sus formas? ¿cómo de violentos somos sin darnos ni siquiera cuenta?

Jauregui (2008) en un interesantísimo artículo expone: “Galtung (1969) define la violencia como la resultante de la diferencia entre lo potencial y lo actual, esto es, lo que incrementa esta diferencia. Es violencia cuando algo es posible y no se realiza o actualiza. Si es posible prevenir una catástrofe y no se hace todo lo posible por evitarla, esto es violencia.

Desde esta perspectiva, este mismo autor distingue entre tres tipos de violencia: estructural, cultural y directa. Estructural, aquella violencia edificada dentro de una estructura y que se manifiesta como un poder desigual. Como ejemplo de esta violencia podríamos poner cualquier sociedad democrática moderna y capitalista que justifica las diferencias sociales creadas por sí misma. Cultural, aquella violencia ideológica que sirve para legitimar la violencia estructural y directa. Como ejemplo, podríamos poner al mencionado cuarto poder –la prensa- que legitima en su discurso la economía y lo que esta ocasiona. Directa es aquella violencia ejercida por un actor sin ninguna mediación. Como ejemplo valga el acoso sexual en el trabajo. El mismo autor distingue y define claramente dos tipos de violencia directa: física y psicológica. Esta última el autor la define como aquella violencia que «se opera sobre el alma; esta última puede abarcar las mentiras, el lavado de cerebro, las diferentes formas de adoctrinamiento, las amenazas, etc., que sirven para disminuir las potencialidades mentales”.

El la siguiente gráfica hemos representado un resumen de distintas expresiones tipificadas como violencia. Es vital entender que la violencia no es solo aquella que es física y/o visible sino que puede ser de una sutileza tal que pase desapercibida o, incluso, que hasta sea socialmente aceptada. Debemos considerar violencia toda acción que atente contra el comportamiento ético y la dignidad de las personas. Cualquier acción de violencia será inadmisible en la dinámica de Oceanográfica y por eso hemos creado un procedimiento para su prevención y gestión. No hay que olvidar que según los expertos la violencia psicológica puede resultar mucho más demoledora que la física por eso es tan sumamente importante aprender a identificarla en todas sus formas.

Como recomendación te sugerimos que aprendas a identificarla, participa en la prevención y no toleres que se aplique en tu presencia. Estas tres dinámicas tan sencillas son la claves para avanzar hacía sociedades más pacíficas.

A la inversa, existen acciones que multiplican nuestra disposición, efectividad y felicidad. Las presentamos en el siguiente cuadro y la dinámica propuesta es saber intensificar las acciones violentas y transformarlas en acciones multiplicadoras.

En nuestra labor de divulgación, consideramos crucial sensibilizar sobre aquellos temas que realmente pueden suponer un cambio para el bien común. Una sociedad más pacífica es, sin lugar a dudas, uno de los principales retos sobre los que trabajar. Aprender a ser pacíficos implica tener más facilidad para colaborar y esa es la sociedad que queremos. Los últimos trabajos en los que hemos participado nos han permitido sensibilizarnos con este tema que creíamos que teníamos claro. Desde luego, no era así, como la mayoría de la sociedad entendíamos como normales acciones que realmente eran violentas. Desde aquí pedimos disculpas a cualquier persona o colectivo que haya podido sentirse dolido por nuestras acciones ignorantes. Ahora podemos decir que tenemos nuevas herramientas para la paz, éstos gráficos son una de ellas y los ponemos a tu entera disposición.

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